AUTOR

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• 1974 –1990 Picadero familiar
desempeñando los trabajos de limpieza, monta y manutención de caballerías
• 1990 – 1993 Desempeño los trabajos de monta y doma de caballos para el rejoneo, así como los acompañamientos y los trabajos que se realizan en las corridas de rejones con el rejoneador Gines Céspedes Sánchez. “Gines Cartagena”en la finca “Villa Quiebro”
• 1993-1995 Desempeño los trabajos de monta y doma de caballos para el rejoneo, así como los acompañamientos y los trabajos que se realizan en las corridas de rejones con el rejoneador Francisco Bedoya Hueso. “Curro Bedoya”, en la finca “Mis Caballos”
• 1995-1998 Desempeño los trabajos de monta y doma de alta escuela y vaquera para luego formar parte del equipo que participan en el espectáculo ecuestre “ Rancho Saray “ Propiedad del Sr. Lorenzo Selles
• 1998-2001 Desempeño los trabajos de monta y doma de caballos para el rejoneo, así como los acompañamientos y los trabajos que se realizan en las corridas de rejones con el rejoneador, Sergio Galán Izquierdo
• 2001-2002 Desempeño los trabajos de monta y doma de caballos para el rejoneo, con el rejoneador y ganadero Alejandro Fernández Roldan
• 2002 – 2003 Desempeño los trabajos de monta y doma de caballos en un picadero particular, y así mismo llevando la gerencia del mismo.

Desde esta fecha me dedico particularmente a domar caballos en doma vaquera y alta escuela, así como ayudando en temporada a varios rejoneadores, y actuando en el espectáculo ecuestre Rancho Saray


José María Marín "PEPIN"
p-epin-@hotmail.com
Tlf. 690 32 58 98
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DEDICADA AL MUNDO DEL CABALLO Y EL REJONEO

ORIGENES DEL ARTE DEL REJONEO

Orígenes del arte del rejoneo en España
Para hablar del rejoneo tal y como lo conocemos en la actualidad, debemos remontarlos a la corrida caballeresca. Las primeras noticias que tenemos de este tipo de corridas datan del siglo XIII, aunque el punto más alto lo alcanza durante el reinado de Felipe IV. En el siglo XVIII empieza su declive, lo que se entiende perfectamente si tenemos en cuenta que el auge y la decadencia de esta corrida está en relación con la evolución de la nobleza, ya que los nobles eran quienes tenían derecho a montar a caballo. El origen de la corrida caballeresca tiene mucho que ver con el auge de la monta a la jineta. Con ella se abandonan los largos estribos de la Alta Edad Media que utilizaban los caballeros en las batallas, por unos estribos más cortos que hacen ir al jinete con las rodillas flexionadas. Esta monta permitía dominar mucho mejor al caballo, lo que hacía posible los alardes de los caballeros frente al toro. Las noticias que nos han llegado sobre la celebración de estas fiestas de toros aluden siempre a sucesos extraordinarios, relacionados siempre con los compromisos matrimoniales de reyes y nobles, las bodas, nacimientos, y también la presencia de algún monarca en una ciudad con motivo de un viaje. En la corrida caballeresca, el que rejoneaba se basaba en la movilidad y en la doma para poder burlar al toro y así someterle al castigo de los rejones, o las banderillas. Vemos que, básicamente, el rejoneo de entonces es similar al de hoy. Lo único que ocurre es que los caballeros han ido adquiriendo y mejorando la técnica. El declive del toreo a caballo por parte de la nobleza llega con el reinado de los borbones en España. Tanto, que con esta dinastía la nobleza abandona la práctica del toreo a caballo. Los jinetes desaparecen de la plaza, aunque no del campo, mientras en Portugal permanece viva la corrida de rejones en público.


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La 'resurrección': Antonio Cañero
La resurrección del toreo a caballo en España llega de la mano de Antonio Cañero, que por un lado recupera la tradición del siglo XVII, entronca con el rejoneo portugués que no dejó de practicarse, y además convierte la tradición campera en espectáculo y recrea el toreo a caballo, asimilando en él los tres tercios en que estaba dividida la lidia a pie (recibir al toro, clavar rejones de castigo, banderillas y darle muerte). Cañero, gran jinete cordobés, hijo de un profesor de equitación, se presentó por primera vez como profesional en la plaza de San Sebastián el 2 de septiembre de 1923, vistiendo traje campero, iniciando así una tradición que se ha mantenido hasta nuestros días, diferenciando así el atuendo con el del rejoneo portugués ('a la Federica') que se remonta al siglo XIII. Con Antonio Cañero resucita el arte del toreo a caballo y aparece una serie de grandes nombres que forman parte de su propia historia. Es en los años treinta cuando vuelve a hacerse habitual la presencia de los jinetes en las plazas, aunque hasta la década de los sesenta lo más habitual era que los rejoneadores se presentasen incluidos en los carteles de las corridas a pie, con la lidia de un único toro. Con Antonio Cañero resucita el arte del toreo a caballo y aparece una serie de grandes nombres que forman parte de su propia historia. Entre los protagonistas sobresalen las figuras de Simao Da Veiga, João Nuncio, Conchita Cintrón, Duque de Pinohermoso, la excepcional figura de don Álvaro Domecq y Díez, Angel y Rafael Peralta, Álvaro Domecq Romero, José Samuel Lupi, Manuel Vidrié, João Moura, Fermín Bohórquez Escribano, Javier Buendía, Antonio Ignacio Vargas, Curro Bedoya y otros muchos que harían interminable esta relación.

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Los 'Jinetes de la Apoteosis'
Durante la década de los años sesenta, los rejoneadores empiezan a prodigarse en los carteles y constituyen por sí mismos un reclamo de gran trascendencia en las taquillas. Ya no hablamos de rejoneadores que completan los carteles de los toreros de a pie, sino de ternas y cuartetos de caballeros. Así ocurrió, por ejemplo, con los denominados 'Jinetes de la apoteosis', un grupo integrado por cuatro caballeros (Ángel y Rafael Peralta, Álvaro Domecq Romero y José Samuel Lupi) que actuaron juntos en un mismo cartel, en un gran número de corridas, teniendo una gran acogida entre los públicos, y dando origen a un nuevo tipo de festejo. Es tal la importancia de este cuarteto, motivada por los espectaculares éxitos alcanzados por el rejoneador sevillano Ángel Peralta, que institucionaliza el rejoneo por parejas formando collera con su hermano Rafael; la irrupción en los ruedos de Álvaro Domecq Romero, que aporta al rejoneo una fuerza, una emoción y un temple torero del que antes carecía; y la presencia de José Samuel Lupi, cuyos espectaculares quiebros en la realización de las suertes tienen un gran impacto en los públicos, que se propicia la celebración de las corridas completas de rejones y da origen a este nuevo tipo de festejo en el que participan cuatro caballeros, que actúan primero por orden de antigüedad, y en los dos últimos toros por parejas. Todavía hoy sigue imperando el toreo por colleras, a pesar de que cada vez se hace más extensa la costumbre de ajustarse a la fórmula tradicional de la corrida a pie, es decir, tres caballeros con seis toros. Con ello se estimula más la competencia entre los jinetes, y el público puede saborear mejor su arte.

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El auge de la actualidad
Nadie puede negar que estos años que vivimos suponen una nueva explosión del arte del toreo a caballo. Son muchas las circunstancias que han determinado el éxito de este tipo de festejos. La fuerte competencia entre los rejoneadores y las innegables dotes de muchos de ellos, han redundado en beneficio de un arte, que tiene un público específico y fiel que llena las plazas. Además, la enorme evolución experimentada en la lidia; la técnica, la plasticidad y el temple que rodea la ejecución de las suertes, y la belleza y la perfección de la doma de los caballos toreros determinan el esplendor de este espectáculo hoy en día. Y qué duda cabe que una figura destaca sobre todas: Pablo Hermoso de Mendoza, que ha situado el rejoneo en una cumbre insospechada. En los últimos años, deben destacarse los nombres ya consagrados del fallecido Ginés Cartagena, del cordobés Leonardo Hernández, de los jerezanos Fermín Bohórquez (hijo) y Luis y Antonio Domecq, así como del alicantino Andy Cartagena, sin olvidar al sanluqueño Paco Ojeda, que dejó constancia de su saber en su breve etapa como rejoneador. Además, hay que añadir otros nuevos valores del arte del rejoneo como Martín González Porras, Diego Ventura y Sergio Galán, entre otros.

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El toreo a caballo en Portugal
Al contrario que en España, el toreo caballeresco siempre permaneció en Portugal. El arte de Marialva, como también se conoce al rejoneo en el país vecino (al Marqués de Marialva se le tiene por iniciador de la equitación a la portuguesa), siempre ha estado presente en Portugal y ésta es la razón principal por la que los portugueses tengan más arraigado el toreo a caballo que los españoles. La lidia a caballo en Portugal es similar a la española, con la característica ya conocida de que no se produce la muerte del toro en público. Además, los toros no reciben rejones de castigo como en España, sino que al principio de la lidia, el 'cavaleiro' clava de una a cuatro farpas (banderillas con un doble arpón más grandes que las banderillas normales). Después de clavar banderillas, la culminación de la lidia del toro se hace con la actuación de un grupo de forçados, que salen al ruedo para realizar una 'pega'. Concluida ésta, se dará paso a los cabestros que harán volver el toro al corral. Otra diferencia en la silla de las monturas, distinta a la vaquera española y a la mixta, A principios de siglo surgió en Portugal un gran plantel de rejoneadores. Encabezan la lista nombres como los de Alfredo Chaves Pinoco, José Bento de Araujo, Manuel Casimiro de Almeyda, Fernando de Oliveira o Victorino Froid, ocupando una plaza de honor el apellido Veiga. Todos ellos preparan el camino a Joao Alves Branco Nuncio, uno de los más importantes toreros a caballo, que durante cincuenta años predicó su magisterio en los ruedos. Fue una figura revolucionaria que dictó normas. Entre los nombres actuales del escalafón en el país vecino cabe destacar los de Joaquin Bastinhas, Antonio Ribeiro Telles, Paulo Caetano, Joao Salgueiro, Rui Salvador y Rui Fernandes, entre otros. No hay que olvidar que gracias a que la lidia a caballo sobrevivió en Portugal existe el rejoneo en España y los jinetes portugueses son indispensables en la fiesta española. Por ejemplo, nadie entendería el rejoneo moderno y su auge sin una figura como la de João Moura, un maestro, espejo de jinetes, cuya impecable trayectoria le hace mantenerse después de casi treinta años en activo en los primeros puestos del escalafón.

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El toreo a caballo en otros países
El auge tremendo de las corridas de rejones en España se ha propagado a otros países con tradición taurina, como México, donde el rejoneo está en constante proceso de evolución. Desde hace años, y con el motor de la figura de Hermoso de Mendoza, que se prodiga por esas tierras, la afición ha comenzado a valorar el toreo a caballo de tal forma que comienzan a sonar con fuerza los nombres de los jinetes más representativos del escalafón como los de Gerardo Trueba, Enrique Fraga, Giovanni Aloi o los hermanos Jorge y José Antonio Hernández Andrés. El toreo a caballo en México aún no ha alcanzado las cotas que se le presuponen, entre otras cosas por las largas distancias que hacen muy difícil el transporte de las cuadras. Todavía no se ha alcanzado un gran número de festejos de rejones, pero el futuro parece halagüeño.
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